TODOS FAMOSOS
En Celebrity, la última de Woody Allen, Kenneth Branagh interpreta un escritor frustrado que sueña con la fama mientras intenta pergeñar una novela sobre esta sociedad alienada por el éxito. No
lo consigue, pero otro escritor, éste sí notorio, y además con Premio Nobel, publica algo parecido y propone un mundo de famosos. En Celebrity todos quieren ser famosos... vamos, como en la vida misma. ¿Y por qué no? Lo cierto es que en España la nómina de celebridades es pobrísima. No tengo estadísticas a mano, pero sospecho que ni siquiera un 90 por ciento del personal ha alcanzado la fama. ¡Qué subdesarrollo! Es hora de encarar el problema: un diez por ciento de seres anónimos en una población de 40 millones es demasiado anonimato.
La fama está mal repartida: hay que socializarla. Acabo de medir los centímetros que dedica El Periódico a un personaje del espectáculo y multiplicándolos por el número de ejemplares del día (en catalán y castellano) me salen unas cien hectáreas: de sobra para instalar una gran casa de campo con huerto, piscina y mucha hacienda, en tanto que algunos pobres diablos apenas cuentan con espacio para montar una barraquita de mala fama en la que habitar su nula reputación. ¡Pandilla de conformistas! A todo aquel que por desidia, desgana o falso pudor rehuyera la notoriedad, debería señalársele, para escarmiento, en las páginas de los diarios, las revistas y la tele. Que las personas honradas sepan que se trata de un ser anónimo y todos exclamen «¡Qué vergüenza, es un no famoso!»
EL PERIÓDICO (BARCELONA)
19 de marzo de 1999

entendedor, no le hacen falta palabras. A cada cerdo le llega su Bolívar. A la tercera va cuarta. A quien madruga, Dios le hace pasar sueño y frío. A rey muerto, presidente puesto. Al mal tiempo, paraguas y chubasqueros. Ladran Sancho, se ve que no son gatos. Lo bueno, si breve, pues dos veces breve.