ILUSTRADO EN ANARQUISMO (Rai Ferrer cuenta la vida de Buenaventura Durruti)
Si en este país alguien sabe mucho sobre la vida de Buenaventura Durruti y la historia del anarquismo español, ese es Rai Ferrer. Su libro, titulado precisamente Durruti, editado en 1985 por la colección Espejo de España, de la editorial Planeta, hace tiempo que está agotado. Es una lástima, porque
se trata de un trabajo muy jugoso, documentado con rigor y de fácil lectura. Tengo un ejemplar porque Rai me lo prestó cuando lo visité en su piso de la calle Provenza, frente a esa cárcel que en tiempos alojó a tantos anarquistas y opositores a las dictaduras de Primo de Rivera y después a los de cierto general con bigotito y pancita cuyo nombre no consigo recordar. Decía que Rai me prestó ese hermoso libro, tan bellamente ilustrado por él mismo, y lo hizo respondiendo a mis ruegos y promesas de segura devolución, lo cual ahora me pone en un doloroso brete, pues casi siempre devuelvo los libros que me prestan, así como exijo que se me restituyan los que doy en préstamo, aunque para evitar rupturas amistosas suelo tener por norma no incurrir en semejantes prácticas, aunque no me importa dejar algún dinero a los amigos que lo necesiten, o el coche y también la bici... y si fuera el caso las plantas del balcón, pero libros, ¡no! Libros no, ¡por favor! No los presto ni pido que me los presten, pero en este caso la situación es diferente, ya que necesitaba la obra de Rai para mi artículo y ahora que me prendé de ella no sé qué hacer, y ese es el brete al que me refería: ¿Podré llegar a convertirme en un delincuente de la no-devolución? ¿Seré capaz de sacrificar mi amistad con el autor a cambio de la posesión del ejemplar? No sé qué pensarán, queridos lectores, pero les aseguro que a ustedes también les costaría desprenderse de este libro en el que además de la historia del anarquista Durruti se nos presenta la de España y el movimiento obrero, desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil, y por sus páginas vemos desfilar a Bakunin y Pablo Iglesias; Alfonso XIII, Sagasta, Cánovas y su ejecutor Miguel Angiolillo. Y claro, no podían faltar Anselmo Lorenzo, Fermín Salvaochea y Ferrer i Guàrdia. También hombres de acción, como el alsaciano Ravachol y el “héroe-bandido” Jules Bonnot. Pero para hombres de acción quiénes mejor que el propio Durruti, y su compañero en tantas refriegas, Francisco Ascaso. Hay aquí asaltos a mano armada, llamados “expropiaciones”; atentados; cárceles; fugas y, por último, la nefasta Guerra Civil Española. Es un libro que huele a papel, pero podría oler a pólvora y sangre.
Pero también es este un libro muy bien ilustrado en todas sus páginas, porque además de escritor e historiador, Rai Ferrer es un artista de la ilustración y tiene muy buena mano para los dibujos, collages y fotomontajes. Javier Tomeo, de quien Rai ilustró las portadas de sus últimos libros, editados por Anagrama, reconoce haber aprendido mucho de él en el campo de la semántica visual. Así lo pone por escrito en el catálogo de la obra de Rai Ferrer, recientemente editada por el ayuntamiento de Burgos. Lo cual nos lleva a señalar que Burgos fue la provincia en que nació, allá por 1942. Siete años más tarde emigró a Barcelona, con su madre y su hermana y fue en la capital de Cataluña donde construyó su vida. De niño, durante su estancia en el hospital, para curarse de una enfermedad pulmonar, Rai hizo sus primeras lecturas de Julio Verne. También sus primeros pasitos como dibujante. Más tarde vendrían las tardes de cine. Ese entusiasmo por la aventura, el dibujo y el cine, a la hora de buscar trabajo, lo llevan a la Editorial Bruguera. Pero Rai Ferrer es un autodidacto de todo lo que sabe, que son muchas cosas, y tengo para mí que pertenece al club de aquellos que, lo que no sabemos hacer, lo aprendemos haciéndolo. Lo importante es que hizo muchas cosas, por ejemplo películas. También fue director del semanario Strong, escribió un libro titulado La novela policíaca y otro que se llama La novela de aventuras, incursionó en las desaparecidas revistas de humor El Papus y Por Favor y fundó el colectivo de creaciones gráficas Onomatopeya. Todo esto no le hizo olvidar el relato de su madre, que presenció el entierro del héroe anarquista una tarde fría del otoño de 1936. Ese recuerdo transferido lo llevó a pergeñar un libro tan interesante, pero tan interesante, que ahora no sé si devolvérselo o quedarme con él y, en el mejor estilo libertario, decirle a su dueño y autor que se trata de una expropiación.
EL MUNDO (Barcelona)
5 de julio de 2002
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entendedor, no le hacen falta palabras. A cada cerdo le llega su Bolívar. A la tercera va cuarta. A quien madruga, Dios le hace pasar sueño y frío. A rey muerto, presidente puesto. Al mal tiempo, paraguas y chubasqueros. Ladran Sancho, se ve que no son gatos. Lo bueno, si breve, pues dos veces breve.
Roberto Fernández dijo
Lo que no veo aquí es que se diga que Buenaventura Durruti fue un terrorista y un asesino sanguinario. No durante la guerra civil, mucho antes. Mató a quemarropa, asaltó bancos, persiguió a los militantes de otras tendencias de izquierda. Jamás tuvo piedad. ¿Qué diferencia con un terrorista de ETA? Durruti fue un asesino. No tiene sentido mitificarlo.
7 Marzo 2006 | 05:27 PM