BORGES Y YO


En Buenos Aires, hace más de veinte años, cierto conocido presentador de radio y televisión, muy culterano y muy partidario de Borges, consiguió que éste y Bioy Casares lo visitaran en su casa y accedieran a conocer su nutrida biblioteca. Al volver a la calle, con fingido asombro Borges comentó: “Nunca he visto no leer tantos libros”.
Una característica de estilo del autor de El aleph es su propensión a destacar las omisiones, las lagunas del tiempo, las inexistencias... En el cuento Funes el memorioso hay estos párrafos: “Más de tres veces no lo vi; la última, en 1887... Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él”.
Eso mismo se ha hecho con Borges: cada quisque que alguna vez se cruzó con él dio su testimonio y no se privó de registrarlo en letras de molde. Al parecer, Jorge Luis Borges se trató con más gente que Gardel y el Papa sumados. Por mi parte, en imitación del estilo del maestro, diré que lo más destacable del trato personal entre él y yo es que éste nunca existió. Yo lo conocía y lo había leído, claro que sí, pero es seguro que él jamás oyó hablar de mi persona. Puedo decir que más de diez mil veces no lo vi, y en las tres ocasiones en que —en una esquina donde yo bebía café y miraba la calle a través del ventanal de un bar cercano a su domicilio— él pasó por mi lado con su prudente y lento andar de ciego, aunque iba solo no me atreví a hablarle. ¿Qué habría podido decirle que estuviera a la altura de su genio? ¿Qué habría podido decirme que superara el esplendor de su escritura? Quienes no lo han querido dicen que algunas veces metía la pata. Puede que sus boutades no siempre fueran felices. Por las dudas nunca lo traté (como tampoco traté a Kafka y a Flaubert), pero más de cien veces lo leí y lo releí. Así que nunca dejó de ser mi maestro.
EL PERIÓDICO, 12 de noviembre de 1999
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entendedor, no le hacen falta palabras. A cada cerdo le llega su Bolívar. A la tercera va cuarta. A quien madruga, Dios le hace pasar sueño y frío. A rey muerto, presidente puesto. Al mal tiempo, paraguas y chubasqueros. Ladran Sancho, se ve que no son gatos. Lo bueno, si breve, pues dos veces breve.
Miguel Garcia - Uriburu dijo
Eduardo:
No podría hacer más mías tus palabras sobre Borges, que, por las mismas razones que tú enuncias, también fue mi maestro.
En cuanto a ti, y parafraseando al "bronce que sonríe", cada vez escribes mejor....
Un abrazo,
Miguel (desde Málaga)
20 Febrero 2006 | 09:22 AM