DICEN QUE SUCEDIÓ: TESTIGOS A GRANEL
Noc
támbulo y bohemio empedernido, el poeta Jacques Prevert nunca iba a la cama antes de las cuatro de la madrugada ni se levantaba hasta bien pasado el mediodía. Cierta tarde presenció un accidente de tráfico y tomaron sus datos para que hiciera de testigo. Recibió la nota del juzgado que lo citaba para una semana más tarde, a las 9 de la mañana; le advirtieron que de no hacerlo estaría quebrantando la Ley. El día señalado se despegó de las sábanas a las ocho, de muy mal humor. Salió a la calle a las ocho y media y lo deslumbró la luz solar. Experimentó un gran asombro al ver a tanta gente andando por la calle. “Nunca habría imaginado que en París pudiera haber tantos testigos”, exclamó.
EL PERIÓDICO (Barcelona)28/4/2000

entendedor, no le hacen falta palabras. A cada cerdo le llega su Bolívar. A la tercera va cuarta. A quien madruga, Dios le hace pasar sueño y frío. A rey muerto, presidente puesto. Al mal tiempo, paraguas y chubasqueros. Ladran Sancho, se ve que no son gatos. Lo bueno, si breve, pues dos veces breve.