COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO SELECCIÓN DE ARTÍCULOS DE PRENSA E INÉDITOS DE LÁZARO COVADLO. (Este sitio se renueva con anárquica periodicidad. Se agradecerán los comentarios y casi todos serán bienvenidos... aunque la casa se reserva el derecho de admisión). 2006-04-10T16:59:01+00:00
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Deportes the-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thing COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/04/10/la-mirada-del-otro LA MIRADA DEL OTRO 2006-04-10T16:59:01+00:00 2009-04-21T21:12:43+00:00 <p>Me han contado que no hace mucho, en una clínica de México D. F., un paciente intentó amputarse los pies con una sierra de cortar metales. Cuando se lo impidieron les refirió a los psiquiatras su temor de que al dormirse lo atacaran los dedos. Al encontrarse descalzo, en la cama, el hombre tenía por costumbre observarlos largamente. Los veía contraerse y erguirse al unísono y no tenía <img src="myfiles/covablog/CAKL695A.jpg" width="240" height="140" class="imgdcha" />conciencia de que tales movimientos partieran de su voluntad. Los espiaba como a una fila de feroces soldados formados por orden de estatura. Las uñas se le antojaban rostros amenazantes. El pequeño tamaño de esos seres extraños que vivían pegados al último extremo de su cuerpo no atenuaba la sensación de peligro. Eran animales ajenos a él; no pertenecían a su verdadero yo: eran parte de los otros.<br /> Los otros son todos los demás. Son aquellos rostros desconocidos que nutren la multitud humana. Otro es aquel que se aproxima en la noche desde la dirección contraria, en una calle solitaria, y nos teme y nos induce a temer. Otros son los pasajeros que comparten con nosotros un viaje en tren, y aquel que reconocemos y saludamos también es otro, pero otro más cercano a nuestro yo. Más cercanos son nuestros compañeros de trabajo, y más todavía nuestros amigos, y nuestros parientes, pero también ellos son otros. Sólo yo no soy otro: lo sé al mirar mis extremidades, al tocarme, al observar mi imagen en el espejo. Es yo, no es otro, ¿o acaso hay también otro en mí? ¿La imagen del espejo da cuenta verdadera de mi yo? ¿El retrato de Dorian Gray lo representaba, o esa tela era tal vez otro?<br /> <em>Cuello de gatito negro </em>es el título de un relato de Julio Cortázar en el que una muchacha padece su propio problema con los dedos. A diferencia del enfermo de México, estos dedos son los de la mano. Las manos poseen su particular intencionalidad, ajena a los mecanismos volitivos de Dina, la chica del metro, que al ver cómo sus dedos van al encuentro de la mano de un extraño que aferra la suya al mismo pasamano, no puede menos que quejarse: «Es siempre así, no se puede con ellas». Las manos le son ajenas. Son otras.<br /> El infierno son los otros, pero, ¿cabe la posibilidad de que el otro anide en nuestro interior?, ¿que una parte de nuestro ser haya sido invadida por una suerte de íncubo o súcubo o cualquier otro grotesco invento de la fantasía? Algo de eso surge de <em>El malestar en la cultura</em>, de Freud, y todas esas teorías acerca de “el doble”, “la sombra”, la co-habitación y demás. Sin embargo, como escritor de ficciones prefiero tomar distancia de tales lecturas contaminantes, no porque descrea de las teorías que ellas enuncian, sino por el hecho de que las pautas del discurso conceptual, derivado de las mentes más agudas, suele entorpecer el ímpetu de la propia creatividad. Prefiero observar los indicios de desdoblamiento en mi propia conciencia y en la conducta de aquellos con quienes me cruzo en esta vida. Escucho los alterados y confusos parlamentos de los vagabundos callejeros, sus peroratas aparentemente inspiradas en una razón ajena a la de la mayoría, casi todos ellos alcoholizados y huraños. Los observo gesticular, discutir a grandes voces con un interlocutor invisible al que dedican duros insultos y maldiciones. ¿Qué ofensas les recriminan a esos fantasmas que habitan en el pasado y residen en el interior de la conciencia? ¿Quiénes son aquellos otros que todos llevamos con nosotros? ¿Son amigos o enemigos de otro tiempo? ¿Son familiares: hermanos, padres? ¿Algún amor desdichado? ¿Cómo puede ser que se hayan enganchado a la memoria para incordiar, como un chicle pegado a la suela del zapato? ¿Son los otros o son parte de nuestro ser?<br /> El infierno son los otros, proclama Sartre por boca de uno de sus personajes en la obra teatral <em>A puerta cerrada</em>. Lo descubre Garcin, el cobarde <img src="myfiles/covablog/Sartre.jpg" width="97" height="150" class="imgizqda" />que finge ser valiente. Antes de eso otro personaje, Inés, manifiesta: «el verdugo es cada uno de nosotros para los otros».<br /> ¿Somos todos verdugos reales o potenciales? ¿Son aquellos con los que convivimos nuestros verdugos probables?<br /> El infierno son los otros; el infierno es la mirada del otro, que supedita tus actos, los reprueba, los aplaude, los menosprecia. La física cuántica enseña que en el plano microcósmico la mirada del observador condiciona la conducta del objeto observado. ¿La mirada ajena gobierna nuestras acciones al igual que el pastor conduce el ganado al corral? Pero el otro, salvo para los insanos como el automutilador de México D.F, por lo común está fuera del cuerpo. ¿Quién es el otro? ¿Quién es yo? Porque si mi yo es mi cuerpo, si mi amputan un miembro soy menos yo. ¿Es mi yo también las prolongaciones del cuerpo? ¿Son mis gafas partes de mi yo?, ¿lo es el nuevo implante dental? ¿Y el teléfono móvil?, ¿y qué de mi nuevo ordenador, con el que comparto tantas horas de mi vida? ¿Dónde acaba mi yo y empieza el otro? ¿Mi mujer es el otro por tener su propio cuerpo, independiente del mío? ¿Qué pasa cuando nuestros cuerpos se funden, se abrazan, se ensamblan y se mezclan los jugos más íntimos? ¿Sigo siendo el otro para la otra, sigue la otra siendo otra para mí? ¿Cuál es la gradación que determina la alteridad? Porque podría pensar que los extranjeros son los otros y los propios son menos otros; pero podría suceder a la inversa, y en último extremo, a fuer de hallar los otros en cualquier sitio, al igual que el demente de México podría llegar a creer que parte de mi cuerpo me es hostil. ¿Es el vasco el otro? ¿Lo es el catalán, lo es el moro? ¿Está el otro en mi interior como esa sombra, como ese doble al que se refiere el psicoanálisis? El otro es mister Hyde, el otro es el doctor Jekyl, o como en la película de Amenabar, los otros son los vivos para los muertos y los muertos para los vivos.<br /> El infierno son los otros. Y también el cielo, que puede estar en la mirada del otro: del que te ama, del que se complace en la visión de tu cuerpo y de tu rostro. Es la mirada buscada: «Mírame mamá», reclama el niño, ansioso de que la madre sea testigo de sus hazañas. La mirada del otro, benévola o amenazante, admirativa o asqueada, llena de deseo o cargada de rencor, es la mirada que confirma que estás vivo.<br /> <strong><em>EL MUNDO</em>, 15 de octubre de 2004</strong> </p> COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/04/10/el-temor-y-deseo EL TEMOR Y EL DESEO 2006-04-10T16:16:46+00:00 2007-11-06T06:58:12+00:00 <p><img src="myfiles/covablog/images[26].jpg" width="190" height="127" class="imgizqda" />Estaba en la Plaza Real comiendo un falafel y me vi rodeado de palomas. No son muy abundantes en esta plaza, como en cambio sí proliferan en la de Catalunya. Sin embargo me rodearon las palomas y pienso que algún día me creeré san Francisco de Asís: al parecer atraigo a los animales. De toda clase, oiga. Claro que uno también siente atracción por los bichos vivientes, sin excluir los humanos, claro.<br /> Decía que me rodearon las palomas y también es cierto que guardaban cierta distancia prudencial. Comenzaron a acercarse cuando empecé a tirarles trocitos de mi pita, que es como se denomina el pan árabe del falafel. Acortaban distancia con cautela, ya que los humanos somos poco de fiar y uno podría ser un energúmeno de los que les da por patearlas o hacerles cualquier daño, que tipos así también los hay. Yo simplemente les tiraba trocitos de pan y me complacía en ver como los engullían. Bebí el último sorbo de mi jarra y pedí otra cerveza y otro falafel. Cuando se presentó el camarero las palomas levantaron vuelo alborotadas; después volvieron a por más pan de falafel. Tiré los trozos más grandes a pocos centímetros de mis zapatos, pero la mayoría de las aves, desconfiadas, no venían a por ellos. Entendí que los deseaban, pero me temían. Este es el motor de la vida, me dije, y pensé que todos los seres vivientes entramos en acción o nos frenamos por mor del deseo y el miedo. Sístole y diástole. El palo y la zanahoria; premios y castigos: los sistemas dictatoriales conocen el mecanismo, o lo intuyen. Sí, el motor de la vida. Recordé las teorías de un economista seguidor de Buda: sostenía que la economía podría sanearse reduciendo los deseos humanos.<br /> Algunas palomitas, las más audaces, se atrevieron y, en consecuencia, se hicieron con el botín. El que no arriesga no gana, me dije.<br /> Pedí una tercera jarra y encendí un cigarrillo de esos tan especiales que suelo adquirir en la Plaza Real. Al aspirar profundamente el humo recordé que de jovencito fui a un baile de estudiantes y una muchacha preciosa no dejaba de mirarme. La deseé intensamente, y por eso mismo no me atreví a decirle nada: tenía miedo de salir rebotado. Así fue como perdí aquella oportunidad. Meses más tarde una amiga común me confió que aquella chica le había hablado de mí, y fue para opinar que aunque le había parecido interesante, por lo visto había resultado un pusilánime, pues no me había acercado a ella pese a todas las señales que me había enviado. El miedo había vencido al deseo y el que no arriesga no gana, claro que no.<br /> Entre el temor y el deseo oscila la vida, así es el motor de la consciencia. Aspiré otra calada y evoqué estos versos del Tao-Te-Ching, de Lao-Tsé:<br /> El favor y la desgracia son como el miedo; la fortuna y el desastre como nuestro cuerpo.<br /> El favor es un privilegio y la desgracia un mal. Lo mismo al lograrlos que al perderlos permanecemos en el temor.<br /> Moví el pie con brusquedad y las palomas se desbandaron.<br /> <strong><em>EL MUNDO</em>, 29 de octubre 2004</strong></p> COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/04/10/dicen-sucedio-menem-leyo-poco Dicen que sucedió: MENEM LEYÓ POCO 2006-04-10T15:53:50+00:00 2007-11-06T06:58:12+00:00 <p>Al controvertido Bill Clinton lo han oído citar<img src="myfiles/covablog/images[11].jpg" width="124" height="110" class="imgdcha" /> párrafos intégros de Faulkner. Ciertamente, hay y hubo estadistas cultos en varios países. Los checos tienen al dramaturgo Václav Havel, que es un presidente de lujo; los venezolanos tuvieron a Rómulo Gallegos y los argentinos a Bartolomé Mitre, que tradujo <em>La divina comedia</em>; también a Domingo Faustino Sarmiento, autor del <em>Facundo</em>. El actual presidente Menem, en cambio, tiene fama de iletrado. Le preguntaron por sus autores preferidos y citó a Sócrates, de quien no se sabe que hubiera escrito nada. A fin de acotar el campo le preguntaron sobre sus novelistas predilectos: nombró a Borges. Como casi todos saben, Borges jamás escribió una novela.</p> <p><strong><em>EL PERIÓDICO</em>, Barcelona, 5 de mayo 2000</strong></p> COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/04/10/identidad-e-impostura IDENTIDAD E IMPOSTURA 2006-04-10T15:46:58+00:00 2007-11-06T06:58:12+00:00 <p>En mayo de este año, merced a la investigación del historiador Benito Bermejo, la prensa reveló que un tal Enric Marco, presunto prisionero de los nazis en <img src="myfiles/covablog/images[52].jpg" width="101" height="85" class="imgizqda" />el campo de concentración de Flossenburg, había resultado un impostor y, a la postre, un insignificante cómplice del nazismo. El sujeto jamás había estado en campo de concentración alguno, en cambio había acudido a Alemania durante la guerra para colaborar a sueldo con la industria bélica germana. Gateando sobre las osamentas de miles de cadáveres, Marco acabó por lograr la presidencia de la Asociación Amical de Mauthausen, integrada por las víctimas españolas de los nazis y sus deudos.<br /> Las imposturas más infernales, cuando se ejecutan con empeño y consiguen sostenerse en el tiempo suelen provocar la admiración de los narradores. Por eso Mario Vargas Llosa glosó el fraude de Marco en un extenso artículo. En su día Jorge Luis Borges escribió un admirable texto titulado <em>El impostor inverosímil Tom Castro</em>, basado en la peripecia <img src="myfiles/covablog/images[74].jpg" width="80" height="138" class="imgdcha" />de un carnicero con dichas señas que suplantó la identidad de Roger Charles Tichborne, aristócrata heredero de una cuantiosa fortuna que al naufragar en aguas del Atlántico desapareció para siempre. En 1866 Tom Castro se presentó ante la madre de Roger Charles y juró que era su hijo perdido. La mujer se obstinó en creer la versión del fantasma y a punto estuvo éste de alzarse con el grueso de la herencia familiar.<br /> La impostura de Enric Marco y la de Tom Castro, además de suplantar filiaciones ajenas, tienen otro nexo que las emparienta: ambas se sostienen gracias al fenómeno que Freud reconoció como el “síntoma de la negación”, consistente en rechazar toda evidencia razonable cuando la misma contraría los más profundos anhelos de quienes prefieren vivir en el engaño. Tanto la madre del verdadero Roger Charles Tichborne, como la mayoría de los miembros de Amical de Mauthausen, se resistieron a aceptar que estaban <img src="myfiles/covablog/Freud.jpg" width="97" height="135" class="imgizqda" /> siendo estafados.<br /> Sobre la negación de la realidad mantienen la esperanza muchos moribundos y sus allegados, pero también los cornudos negadores, los que aman sin respuesta posible y quienes contra viento y marea sostienen cualquier causa o ideología que hace mucho perdió la sustancia original <strong>(1)</strong>. El puntal de la negación suele ser la afirmación del mito. El mito identitario se construye con tales materiales (de segunda mano: patria, esencia, raza). Pero todo mito que pretenda invadir el mundo objetivo es una impostura contra la realidad. Así, cualquier falsa identidad resulta una impostura. Habrá que pensar si no es también impostura toda pretendida identidad, cualesquiera que esta sea. Habría que ver si es posible la existencia de una identidad que no constituya en última instancia mera simulación e impostura. Habrá asimismo que pensar si hay sitio en este mundo para un fenómeno real que responda a lo que llamamos identidad o si dicho término es sólo una entelequia entre tantas. Una entelequia que para implantarse requiera poner en marcha el mecanismo de negación de quienes están dispuestos a aceptar el rótulo del impostor identitario, sin importar que la etiqueta ponga “catalán”, “español”, “vasco”, “católico”, “seguidor del Real Madrid” o usuario de determinada marca de pantalones tejanos. Y si todo cambia en nosotros y en el universo; si es cierto que vamos transformándonos mental y físicamente y sin parar vamos haciéndonos y vamos moldeándonos para responder a los desafíos del medio y al imperio de las circunstancias, entonces, como en el verso de Neruda, “nosotros, los de antes, ya no somos los mismos”. Así, como postuló Sartre, nunca podrá decirse de cualquier ser humano que “es”. Apenas se podrá afirmar que todo ser “va siendo”, de modo que el gerundio perderá validez a la hora de la muerte, cuando nada nuevo pueda añadirse a los hechos ciertos de cualquier existencia.<br /> Pese a todo, ¿quién está dispuesto a vivir sin el ropaje de cualquier presunta identidad que pueda conferirle ante el mundo la ilusión de permanencia? Casi todas las personas se ocultan bajo una u otra <img src="myfiles/covablog/Máscaras.jpg" width="86" height="109" class="imgdcha" />máscara. Que “máscara” es, como bien sabemos, el concepto de “persona”. El significado de nuestra presencia en el medio social se halla siempre condicionado por dicha simulación. Por eso, cuando alguien pretende pasar inadvertido invariablemente camufla su propia máscara entre las de la multitud. Eso se conoce como el intento de evitar “significarse”. Contrariamente, cuando lo que se pretende es lograr protagonismo y significación social, el recurso es distorsionar el perfil de una determinada identidad: aquella que el hombre se fabrica (como Marco, como Castro, como Luis Roldán), o acentuar la que recibimos al nacer, como la pertenencia a una entidad nacional, a una iglesia, y, por qué no, a un club deportivo o a una familia de abolengo real o falso.<br /> La falacia identitaria está destinada a la mirada ajena. Si hay una característica casi invariable, que presta verdadera entidad al ser humano y lo distingue de otras especies, sin duda es aquella que lo define como un ser cuya existencia se justifica por la mirada del otro. Ya a primera hora de la mañana, cuando nos lavamos y acicalemos ante el <img src="myfiles/covablog/Espejo.jpg" width="111" height="137" class="imgdcha" />espejo, empezamos a fabricar la identidad del día; la máscara que hemos de presentar a la mirada del mundo; la impostura de turno. Esta construcción simbólica ciertamente admite grados, pero en mayor o menor medida los seres sociales vivimos para y por la consideración de nuestros semejantes.<br /> Ahora bien, cuando se trata de identidades grupales resultará útil traer a colación la de los contrarios, los que no son de “los nuestros”. Es decir “los ajenos”, “los contrarios”, ya se trate de los enemigos de Cataluña o del pueblo vasco, los ateos o los eclesiásticos, los comunistas, los neoliberales o los extranjeros. Pocas cosas definen mejor nuestra pertenencia a un colectivo que la certeza de tener enfrente el bando de los adversarios. Distinto es el caso cuando el impostor identitario procura singularizarse. De encontrarse el sujeto en dicha tesitura —en estos tiempos de cruda masificación— deberá salir al escenario luciendo posturas o adornos más o menos exclusivos. Las posturas iconoclastas son muy adecuadas para este fin, pero también ciertas apariencias “diferenciadoras”. En el caso de los más jóvenes la imagen de singularidad se intenta por medio de los tatuajes, los piercings, los automóviles maqueados, determinados cortes de pelo o <img src="myfiles/covablog/Tatuaje.jpg" width="90" height="120" class="imgizqda" />todo eso al mismo tiempo. Claro que a la postre el fenómeno conduce a un nuevo tipo de masificación. Los vicarios de las modas y los rectores del mercado conocen muy bien la tendencia y no ignoran que también los “singulares” buscan pertenecer a uno u otro grupo. El sentimiento de pertenencia está siempre vigente y nos recuerda cierta historieta en la que un sabio gurú intenta alejarse de sus seguidores en busca de la paz de las montañas. Los adeptos le ruegan que los lleve con él. «No es posible —responde el gurú—, soy un hombre solitario». «Nosotros también somos gente solitaria, maestro —claman los adeptos—, llévanos contigo»<br /> La necesidad de sentirse integrado en alguna entidad está siempre vigente. Ciertas campañas publicitarias lo evidencian: “¿Eres de tal marca de teléfono o de tal otra?, pásate a la nuestra”. Dicho en otros términos, no se posee una línea telefónica de tal o cual compañía sino que se “es” poseído por ésta. Se pertenece a ella.<br /> No debiera perderse de vista que cualquier identidad que se asuma intenta reforzar nuestra propia entidad. Si se quiere ser alguien, si se pretende imponer ante los otros nuestra existencia como entidad, parecerá necesario revestirse de una identidad. Por dicha causa es comprensible que muchos de aquellos que no están seguros de su propia entidad, que dudan de su significancia y teman parecer insignificantes, procuren revestirla con la coraza identitaria. Esto lleva al “yo soy”, que no sólo pregona la existencia del yo (siempre dudoso y siempre cambiante) sino también la del ser, porque con frecuencia no sólo nos presentamos ante los otros pregonando “una manera de ser”, sino que solemos hablar del otro trayendo a colación lo que aparentemente éste “es” (además de lo que tiene y de cuánto tiene). Yo soy. Yo soy alguien. ¿Y quién soy yo? Pues, yo soy marxista, yo soy hinduista; yo soy liberal; yo soy creyente; yo soy ateo. Yo tengo identidad.<br /> Si buscamos la definición del término “identidad” encontraremos que nos lo presentan con características tautológicas: “calidad de idéntico”, señala el diccionario de la RAE. Pero, ¿quién puede ser siempre idéntico a sí mismo a través del tiempo y el espacio? Tal vez una buena presentación de la propia identidad es la que proclama el inefable protagonista de <em>El secreto de Joe Gould</em>, del extraordinario libro de Joseph Mitchell (Anagrama). Dice así:<br /> “En invierno soy budista,<br /> y en verano soy nudista”.</p> <p><strong>(1) Sobre el mismo tema . Ver mi artículo titulado "La negación"</strong><strong><br /> <strong>Revista <em>LATERAL </em>(Barcelona) Noviembre 2005</strong></strong></p> COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/04/10/la-negacion LA NEGACIÓN 2006-04-10T15:43:32+00:00 2007-11-06T06:58:22+00:00 <p>Bernard Boursicot, contable de la embajada francesa en China, fue juzgado en París, a mediados de la década de los ochenta por entregar información secreta a su amante, una bailarina de la Ópera de Pekín. Pero la bailarina era bailarín. En lugar de obrar el amor cara a cara, su compañero/a sentimental (como se dice ahora) le ofrecía generosamente la espalda. Toda la espalda, desde la nuca hasta la zona en que la anatomía se bifurca en dos muslos. Allí, en el oscuro y cálido eje de la bifurcación, la mitad de nuestra especie está provista de un par de desfiladeros, cada uno con diferente especialidad. El bueno de Boursicot introducía su lanza de amor por la rambla destinada a descomer, que para muchos humanos es también fuente de inefables placeres, ¿por qué no?, pero nunca estuvo relacionada con la reproducción humana. Para esto último debe hacerse servir el cauce de acceso frontal, y el cándido contable francés quería creer que era allí donde ponía en remojo su ardiente pértiga. Lo creía o deseaba creerlo, hasta el punto de aceptar como suyo el niño que la/él intérprete de Madame Butterfly le puso en sus brazos en 1975. Se <img src="myfiles/covablog/Butterfly.jpg" width="70" height="104" class="imgdcha" />llamaba Shi Peipu (no el niño: el agente chino), y llegó a Francia, en calidad de cónyuge de Boursicot, en 1982. Cuando ambos fueron detenidos por espías el contable aseguró que había sido engañado. ¿Lo engañaron o quiso dejarse engañar? Está claro que este suceso esperpéntico, que rescató el cine en la memorable película de David Cronenberg, <em>Madame Butterfly</em> (1993, véanla, no tiene desperdicio, actúa Jeremy Irons), es un caso patente de lo que Sigmund Freud denominó “síndrome de negación”. <em>La negación</em>, se llama el texto clásico del sabio judeo-austriaco, que posteriormente Anna, su hija, incluyó entre los mecanismos de defensa (gracias, Jorge Alemán, ensayista y psicólogo residente en Madrid, por la valiosa información).</p> <p><strong>Parte del artículo publicado en <em>EL MUNDO</em>, 10 de enero de 2003</strong></p> COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/04/08/los-premios-y-sus-apremios LOS PREMIOS Y SUS APREMIOS 2006-04-08T02:29:22+00:00 2007-11-06T06:58:12+00:00 <p>“No otorgarme el Premio Nobel se ha convertido en una tradición escandinava: desde que nací no me lo vienen dando”, dijo Jorge Luis Borges, allá por 1976. El autor de <em>El Aleph </em>con frecuencia se valía <img src="myfiles/covablog/images[79].jpg" width="76" height="110" class="imgizqda" />del humor para afrontar las situaciones que lo divertían -o lo comprometían-. Lo cierto es que ese mismo año, en lo más crudo de la dictadura de Pinochet, el escritor argentino disertó en una Universidad chilena y en su discurso no dejó de elogiar a los militares golpistas chilenos y argentinos. Se cree que ese día Borges desaprovechó, para siempre, la oportunidad de ganar el preciado galardón, que en el orbe literario se equipara con la dinamita, el invento del siglo XIX que posibilitó a Alfred Nobel establecer el legado que lo instituyó.</p> <p>Pero las inclinaciones políticas normalmente no orientan el criterio de la Academia Sueca. No hay parcialidad y sí, tal vez, aleatoriedad: Camilo José Cela, que ganó el Nobel en 1989, había participado con entusiasmo en el bando Nacional (¿recuerdan su c<img src="myfiles/covablog/images[72].jpg" width="80" height="115" class="imgizqda" /><img src="myfiles/covablog/images[77].jpg" width="80" height="115" class="imgizqda" />ólera por la tardanza en recibir el Cervantes y su declaración de que se trataba de un premio “lleno de mierda”? Cuando un año después le fue concedido el “fétido” honor, faltaron a la preceptiva ceremonia los anteriores galardonados).<br /> Pareciera que una suerte de alternancia pendular determina la concesión del Premio Nobel. En 1957 lo obtuvo Albert Camus, que se encontraba lejos de la izquierda oficial. El siguiente recayó sobre Boris Pasternak, para disgusto del poder soviético. Sólo <img src="myfiles/covablog/images[89].jpg" width="124" height="108" class="imgizqda" />seis años más tarde llegó la compensación ideológica al ser elegido Jean Paul Sartre, quien lo rechazó. Así que el otro año le tocó a un autor del “aparato”: Mijail Sholojov (antes Premio Stalin). Sus novelas más conocidas <em>El Don apacible </em>y <em>Campos roturados</em>, ostentan una mediocridad colosal (valga la contradicción). Después el péndulo se aceleró, pues el ulterior laureado fue el disidente soviético Alexandr Solzhenistsin. No importa: el otro año le tocó al poeta comunista Pablo Neruda(que nunca fue mediocre). <img src="myfiles/covablog/images[98].jpg" width="78" height="104" class="imgizqda" />En 1982 lo recibió Gabriel García Márquez (izquierda), pero en el 84 el poeta checo <img src="myfiles/covablog/CAW5QJWH.jpg" width="82" height="128" class="imgizqda" />Jaroslav Seifert, que se opuso a la invasión de su país por las fuerzas del Pacto de Varsovia, y en el 87 a Joseph Brodsky, exiliado soviético nacionalizado estadounidense. En el 97 y el 98 fueron galardonados -sucesivamente- Darío Fo y José Saramago, ambos comunistas; en el 2000 el exiliado chino antimaoísta Gao Xingjan, y el año pasado el húngaro judío Imre Kertesz, que la pasó fatal durante la dominación nazi y, en menor medida, la <img src="myfiles/covablog/CAKH69Z4.jpg" width="74" height="101" class="imgizqda" />comunista.<br /> Hubo un Premio Nobel filonazi, Knut Hamsun, que lo recibió en 1920, pero entonces Hitler era desconocido y las manifestaciones políticas del escritor noruego tuvieron lugar quince años después: ya no podía remediarse.<br /> Este año, seguramente volverán a producirse los habituales cuestionamientos (todavía se debate la “injusticia” de que no se le concediera el Nobel a León Tolstoi o a Kafka, aunque éste murió antes de <img src="myfiles/covablog/CA81UZ0T.jpg" width="73" height="111" class="imgizqda" />hacerse conocido). En el ámbito hispano sucederá más de lo mismo cuando se pronuncien los jurados de los próximos premios Planeta, Nadal, Cervantes, Príncipe de Asturias, etcétera.<br /> La primera acepción de la voz “premio” indica que se trata de una “recompensa, galardón o remuneración que se da por algún mérito o servicio”, pero la quinta nos dice que es una “recompensa que se otorga en rifas, sorteos o concursos”. Al igual que con los premios de la Once o la Lotería Nacional.<br /> ¿No se asentará también sobre el azar el criterio que orienta la elección de los premios literarios?<img src="myfiles/covablog/Billete loteria.jpg" width="212" height="122" class="imgcen" /></p> <p><strong>Revista <em>QUÉ LEER</em>, Octubre 2003</strong></p> COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/03/04/todos-famosos TODOS FAMOSOS 2006-03-04T13:50:32+00:00 2007-11-06T06:53:46+00:00 <p>En <em>Celebrity</em>, la última de Woody Allen, Kenneth Branagh interpreta un escritor frustrado que sueña con la fama mientras intenta pergeñar una novela sobre esta sociedad alienada por el éxito. No<img src="myfiles/covablog/CA5HZB6W.jpg" width="78" height="104" class="imgdcha" /> lo consigue, pero otro escritor, éste sí notorio, y además con Premio Nobel, publica algo parecido y propone un mundo de famosos. En <em>Celebrity</em> todos quieren ser famosos... vamos, como en la vida misma. ¿Y por qué no? Lo cierto es que en España la nómina de celebridades es pobrísima. No tengo estadísticas a mano, pero sospecho que ni siquiera un 90 por ciento del personal ha alcanzado la fama. ¡Qué subdesarrollo! Es hora de encarar el problema: un diez por ciento de seres anónimos en una población de 40 millones es demasiado anonimato.<br /> La fama está mal repartida: hay que socializarla. Acabo de medir los centímetros que dedica <em>El Periódico</em> a un personaje del espectáculo y multiplicándolos por el número de ejemplares del día (en catalán y castellano) me salen unas cien hectáreas: de sobra para instalar una gran casa de campo con huerto, piscina y mucha hacienda, en tanto que algunos pobres diablos apenas cuentan con espacio para montar una barraquita de mala fama en la que habitar su nula reputación. ¡Pandilla de conformistas! A todo aquel que por desidia, desgana o falso pudor rehuyera la notoriedad, debería señalársele, para escarmiento, en las páginas de los diarios, las revistas y la tele. Que las personas honradas sepan que se trata de un ser anónimo y todos exclamen «¡Qué vergüenza, es un no famoso!»<br /> <strong>EL PERIÓDICO (BARCELONA)</strong><br /> <strong>19 de marzo de 1999</strong> </p> COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/03/04/ilustrado-anarquismo-rai-ferrer-cuenta-vida-de ILUSTRADO EN ANARQUISMO (Rai Ferrer cuenta la vida de Buenaventura Durruti) 2006-03-04T13:49:56+00:00 2007-11-06T06:53:46+00:00 <p>Si en este país alguien sabe mucho sobre la vida de Buenaventura Durruti y la historia del anarquismo español, ese es Rai Ferrer. Su libro, titulado precisamente <em>Durruti</em>, editado en 1985 por la colección Espejo de España, de la editorial Planeta, hace tiempo que está agotado. Es una lástima, porque <img src="myfiles/covablog/images[70].jpg" width="91" height="117" class="imgizqda" />se trata de un trabajo muy jugoso, documentado con rigor y de fácil lectura. Tengo un ejemplar porque Rai me lo prestó cuando lo visité en su piso de la calle Provenza, frente a esa cárcel que en tiempos alojó a tantos anarquistas y opositores a las dictaduras de Primo de Rivera y después a los de cierto general con bigotito y pancita cuyo nombre no consigo recordar. Decía que Rai me prestó ese hermoso libro, tan bellamente ilustrado por él mismo, y lo hizo respondiendo a mis ruegos y promesas de segura devolución, lo cual ahora me pone en un doloroso brete, pues casi siempre devuelvo los libros que me prestan, así como exijo que se me restituyan los que doy en préstamo, aunque para evitar rupturas amistosas suelo tener por norma no incurrir en semejantes prácticas, aunque no me importa dejar algún dinero a los amigos que lo necesiten, o el coche y también la bici... y si fuera el caso las plantas del balcón, pero libros, ¡no! Libros no, ¡por favor! No los presto ni pido que me los presten, pero en este caso la situación es diferente, ya que necesitaba la obra de Rai para mi artículo y ahora que me prendé de ella no sé qué hacer, y ese es el brete al que me refería: ¿Podré llegar a convertirme en un delincuente de la no-devolución? ¿Seré capaz de sacrificar mi amistad con el autor a cambio de la posesión del ejemplar? No sé qué pensarán, queridos lectores, pero les aseguro que a ustedes también les costaría desprenderse de este libro en el que además de la historia del anarquista Durruti se nos presenta la de España y el movimiento obrero, desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil, y por sus páginas vemos desfilar a Bakunin y Pablo Iglesias; Alfonso XIII, Sagasta, Cánovas y su ejecutor Miguel Angiolillo. Y claro, no podían faltar Anselmo Lorenzo, Fermín Salvaochea y Ferrer i Guàrdia. También hombres de acción, como el alsaciano Ravachol y el “héroe-bandido” Jules Bonnot. Pero para hombres de acción quiénes mejor que el propio Durruti, y su compañero en tantas refriegas, Francisco Ascaso. Hay aquí asaltos a mano armada, llamados “expropiaciones”; atentados; cárceles; fugas y, por último, la nefasta Guerra Civil Española. Es un libro que huele a papel, pero podría oler a pólvora y sangre.<br /> Pero también es este un libro muy bien ilustrado en todas sus páginas, porque además de escritor e historiador, Rai Ferrer es un artista de la ilustración y tiene muy buena mano para los dibujos, collages y fotomontajes. Javier Tomeo, de quien Rai ilustró las portadas de sus últimos libros, editados por Anagrama, reconoce haber aprendido mucho de él en el campo de la semántica visual. Así lo pone por escrito en el catálogo de la obra de Rai Ferrer, recientemente editada por el ayuntamiento de Burgos. Lo cual nos lleva a señalar que Burgos fue la provincia en que nació, allá por 1942. Siete años más tarde emigró a Barcelona, con su madre y su hermana y fue en la capital de Cataluña donde construyó su vida. De niño, durante su estancia en el hospital, para curarse de una enfermedad pulmonar, Rai hizo sus primeras lecturas de Julio Verne. También sus primeros pasitos como dibujante. Más tarde vendrían las tardes de cine. Ese entusiasmo por la aventura, el dibujo y el cine, a la hora de buscar trabajo, lo llevan a la Editorial Bruguera. Pero Rai Ferrer es un autodidacto de todo lo que sabe, que son muchas cosas, y tengo para mí que pertenece al club de aquellos que, lo que no sabemos hacer, lo aprendemos haciéndolo. Lo importante es que hizo muchas cosas, por ejemplo películas. También fue director del semanario Strong, escribió un libro titulado <em>La novela policíaca</em> y otro que se llama <em>La novela de aventuras</em>, incursionó en las desaparecidas revistas de humor <em>El Papus </em>y <em>Por Favor </em>y fundó el colectivo de creaciones gráficas <strong><em>Onomatopeya</em></strong>. Todo esto no le hizo olvidar el relato de su madre, que presenció el entierro del héroe anarquista una tarde fría del otoño de 1936. Ese recuerdo transferido lo llevó a pergeñar un libro tan interesante, pero tan interesante, que ahora no sé si devolvérselo o quedarme con él y, en el mejor estilo libertario, decirle a su dueño y autor que se trata de una expropiación.<br /> <strong>EL MUNDO (Barcelona)</strong><br /> <strong>5 de julio de 2002</strong><br /> <strong>www.lacoctelera.com/covadlo</strong><br /> <strong>www.covadlo.com</strong> </p> COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/03/04/escrito-plata-nostalgia-buenos-aires- ESCRITO EN PLATA (NOSTALGIA DE BUENOS AIRES) 2006-03-04T13:48:29+00:00 2008-12-01T16:18:13+00:00 <p><img src="myfiles/covablog/images[7].jpg" width="138" height="103" class="imgizqda" /><br /> Sólo conozco una ciudad cuyos ambientes canallas y encanto bohemio, sumado al refinamiento cultural de los salones y de ciertos cafés, me permitan evocar a Buenos Aires: París. Por eso algunas veces he supuesto que la capital de Francia viene a ser la Buenos Aires de Europa. Tal vez también Julio Cortázar lo haya creído así; vivió buena parte de su existencia en París, y en dicha ciudad escribió relatos inolvidables. Muchos tienen por escenario los barrios de Buenos Aires.</p> <p>En <em>Historias de Cronopios y de Famas </em>hay un cuento corto de Cortázar, <em>Simulacros</em>. Una familia estrambótica levanta un patíbulo en el jardín delantero de la casa y consigue escandalizar a los vecinos. Sucede en la calle Humboldt, del barrio de Palermo, que es un barrio muy extenso. Gran parte de la ciudad está formada por barrios de calles amplias y anchas aceras bordeadas de árboles, como si se tratase de una suma de aldeas más que un conglomerado urbano. La zona que describe Cortázar se conoce como Palermo viejo, y la calle Humboldt corre paralela a la avenida Juan B. Justo, una arteria kilométrica bajo la cual fluye, ceñido por un gran colector, el caudal del arroyo Maldonado. En una orilla fangosa de ese arroyo, cuando éste aún no había sido entubado, empezó a morir de una puñalada Francisco Real, que le decían el Corralero, y fue a soltar el último aire en el salón de Julia, un quilombo (burdel) “de chapas de cinc, entre el camino de Gauna y el Maldonado”. Así lo cuenta Jorge Luis Borges en ese relato de antología, <em>Hombre de la esquina rosada</em>, de su libro <em>Historia universal de la infamia</em>. El cuento de Borges sitúa los hechos quizás a finales del siglo XIX, pero la familia estrafalaria que describió Cortázar posiblemente cometiera sus tropelías a mediados de los 40 del siglo que pasó.<br /> Es una familia, la que inventa Cortázar, que enloquece a los vecinos: sus integrantes un día copan el funeral de un muerto ajeno (<em>Conducta en los velorios</em>) y otro se apoderan de la oficina de correos de la zona, situada en la calle Serrano (Correos y telecomunicaciones). A ese sector de lo que era Serrano lo han llamado calle Jorge Luis Borges. Se llama así a partir de la plazoleta Cortázar, actualmente rodeada de cafés y <img src="myfiles/covablog/images[17].jpg" width="91" height="107" class="imgdcha" />restaurantes frecuentados por diletantes, bohemios de lujo, artistas y amantes de la diversión. En otro extremo del barrio, lindando con el barrio de Almagro y la zona Norte, hay otra plazoleta cercada de locales de similar ambiente, pero más sofisticados. Todo el mundo la llama plaza Freud, y a nadie le importa su denominación oficial. A los alrededores se los conoce como Villa Freud, porque concentran la mayor proporción de psicoanalistas en una ciudad que los ha exportado a medio mundo. Por allí cerca vive el escritor Rodolfo Enrique Fogwill, con quien me encontré una noche veraniega de 1997. El autor de <em>Cantos de marineros en La Pampa </em>me invitó a una pizzería y después tomamos whisky en el café Freud. Del otro lado de la plaza está la competencia, el café Jung. ¿Qué otro rótulo podía llevar?</p> <p><strong>Avistando a Borges desde un café</strong><br /> Pero volvamos a la plazoleta Cortázar y a la continuación de la calle Serrano. En una casona de esa arbolada arteria, que ahora lleva su nombre, vivió Borges hasta que se trasladó a Europa con sus padres y su hermana, a la edad de trece años. Allí regresó después de los veinte, pero el barrio ya no le pareció el mismo, y lo lamenta con estos versos de su libro <em>Luna de enfrente</em>, escrito en 1925: “Calle Serrano/ Vos ya no sos la misma de cuando el centenario/ Antes eras más cielo y hoy sos puras fachadas”.<br /> De cualquier modo, parece claro que en el recuerdo del autor de <em>El libro de arena</em>, en ese barrio de Palermo situó su patria más entrañable. Un territorio que circunscribe en su poema <em>Fundación mítica de Buenos Aires</em>, de <em>Cuaderno de San Martín</em>, escrito en 1929. “La manzana pareja que persiste en mi barrio:/ Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga”<br /> Sin embargo, de mayor Borges fue a vivir con doña Leonor Acevedo, su madre, a la calle Maipú, en el centro de la ciudad. Entonces ya era director de la Biblioteca Nacional, que a la sazón se hallaba en un caserón colonial del barrio de San Telmo,<img src="myfiles/covablog/images[32].jpg" width="134" height="112" class="imgizqda" /> y ahora tiene un gran edificio de diseño arquitectónico en la zona norte. Lo vi pasar muchas tardes, con su paso de ciego, por la esquina del café donde yo solía repostar: Maipú y Paraguay, a cien metros de la calle Florida y a otros cien de la elegante avenida Santa Fe.<br /> Si volvemos a la plazoleta Cortázar, y retomamos la calle Serrano (el sector que conserva su antiguo nombre), nos adentraremos en el barrio de Villa Crespo, en el que desde principios del pasado siglo se afincaron emigrantes judíos provenientes de Rusia y Europa Central, árabes y armenios. Si caminamos unas diez manzanas por esas aceras anchas, bajo las copas de árboles frondosos, llegaremos al fin a la renombrada avenida Corrientes. Claro que la avenida Corrientes de Villa Crespo, aunque es la misma que comienza casi en el puerto y atraviesa el centro, no es la Corrientes famosa de los teatros, las salas de cine, las librerías abiertas hasta la madrugada y los restaurantes. Esta parte de la avenida Corrientes, aunque también posee comercios y algunos cafés y casas de comida, tiene el carácter de una avenida de barrio. Yo la quiero porque allí viví un tercio de mi vida (allí fueron a parar mis abuelos, judíos provenientes de Rusia), pero todos los días tomaba el subte, <img src="myfiles/covablog/images[50].jpg" width="116" height="74" class="imgdcha" />que así es como llaman al metro los porteños, y me evadía hacia el centro, hacia la Corrientes bulliciosa y más divertida que empieza después de cruzarse con la avenida Callao.<br /> La parte de la avenida Corrientes de Villa Crespo, hasta la década de los 30 del pasado siglo, se denominó Triunvirato. Por ese sector, a unas cuadras del arroyo Maldonado, habían puesto una tienda los padres de Santiago Fischbein, personaje de otro cuento de Borges, <em>El indigno</em>, del libro <em>El informe de Brodie</em>. Si avanzamos por esta avenida y atravesamos Juan B. Justo, bajo la cual discurre el arroyo, si continuamos andando unas diez manzanas, llegaremos al gran portón de entrada del mayor cementerio de Buenos Aires; tal vez la necrópolis más grande de América del Sur: el C<img src="myfiles/covablog/images[71].jpg" width="75" height="91" class="imgizqda" />ementerio de La Chacarita, donde, entre tantos miles de finados yacen Carlos Gardel y el general Perón. Allí nace la avenida Federico Lacroze, por la que podemos andar un par de kilómetros hasta la avenida Cabildo y luego seguir otro par o tres de kilómetros por esas calles interminables hasta llegar al barrio de Saavedra, en el límite de la ciudad y tan alejado del centro que algunos lo conocen como Siberia. Allí transcurre la trama de <em>El sueño de los héroes</em>, de Adolfo Bioy Casares, quien no ha sido inhumado en La Chacarita, sino en el Cementerio de los monjes recoletos, más renombrado como La Recoleta, “Aquí es pundonorosa la muerte”, dice Borges, en el poema que dedica a ese camposanto donde reposan aristócratas y próceres de la patria. Se da la circunstancia de que Bioy Casares vivió la mayor parte de su vida en este barrio, al que también se lo denomina la Recoleta, aunque, más propiamente, es el barrio del Pilar, y queda a unos diez kilómetros de distancia de Saavedra.<br /> Yo vi por primera vez a Bioy Casares a mediados de los sesenta, cuando él cenaba con su mujer, Silvina Ocampo (hermana de Victoria), en Angiola, un restaurante económico que servía buenos pescados y pasta al dente. Angiola estaba en el barrio, bajo la recova, donde el Buenos Aires bacan, del dinero y la gente bien, limita de noche con la urbe canallesca. El establecimiento ya no existe, pero en su buena época era frecuentado por artistas, bohemios, playboys y aristócratas. Bioy residía a pocos pasos, en un piso de la muy exclusiva calle Posadas (número 1650, que sumándolos da primero el 12 y finalmente el 3, me dijo en una ocasión: “La Trinidad y los Discípulos de Cristo”. Era agnóstico, pero le gustaban estos juegos). Antes había vivido en una mansión de la avenida Quintana, 174 (siempre el 12 y el 3; siempre en el mismo barrio). Fue por causa de esa procedencia social y geográfica, que quienes me acompañaban en mi mesa hablaron de él con términos despectivos. Bioy, las hermanas Ocampo, Borges, Mujica Lainez y toda esa “calaña encopetada” monopolizaba la cultura nacional, dijeron ellos, que eran unos izquierdistas de pacotilla con revista literaria de un solo número. Pero Bioy hacía casi tres décadas que había publicado <em>La invención de Morel</em>, y yo lo admiraba.</p> <p><strong>Solitario Sábato</strong><br /> La revista literaria de un solo número tenía por nombre <em>Letra podrida</em>, y se suponía que era el colmo de la rebeldía en cuestiones culturales. Confieso que inventé el título y les ayudé a pergeñarla. Nos reuníamos en un bar céntrico, el Florida, en la calle Viamonte, a cien metros de la famosa calle Florida, próximo también al domicilio de Borges. A mí me gustaba asistir a ese bar porque entonces era muy joven y el ambiente resultaba propicio para ligar con chicas de la Facultad de Filosofía y Letras, que se encontraba a cien metros. Allí lo veía con frecuencia a Ernesto Sábato, quien hacía tiempo que era un escritor famoso, por eso me <img src="myfiles/covablog/Sabato.jpg" width="111" height="81" class="imgizqda" />parecía extraño que casi siempre estuviera sentado solo a una mesa. Creo que a Sábato le gustaban el bar y esas calles céntricas, aunque gran parte de la trama de su novela más conocida, <em>Sobre héroes y tumba</em>s, transcurre en otro lado de la ciudad, en el barrio de Barracas, donde tiene lugar la tragedia central de la novela. Cerca de allí está el parque Lezama, escenario del encuentro entre Martín y Alejandra, personajes principales de la historia. En aquellas lomas el adelantado Pedro de Mendoza fundó Buenos Aires, en 1536. Cerca está el Riachuelo, ese río cubierto de petróleo en cuyas orillas perduran cadáveres de viejos barcos cargueros. El estadio del club Boca Juniors no queda lejos. Osvaldo Soriano vivió en el barrio hasta su muerte, acaecida en 1997. Sin embargo, el autor de <em>No habrá más penas ni olvido </em>era forofo de un club rival: San Lorenzo de Almagro.<br /> Un par de veces me acerqué a Sábato, en el bar Florida, y en ambas lo encontré receptivo. Me habló del gran Witold Gombrowicz, y de su excelente novela <em>Ferdydurke</em>, para la cual Sábato había escrito un prólogo destinado a su primera edición en castellano. El escritor polaco había vivido 24 años en Buenos Aires, pero era un desconocido para casi todos. Esto escribió Gombrowicz en su diario de los años 1953-1956: “Camino por la avenida Corrientes, solo y desesperado. Delante de mí no veo esperanza alguna. Se me está acabando todo, no consigo iniciar nada. ¿El balance? Después de tantos años de <img src="myfiles/covablog/Gombrowicz.jpg" width="92" height="98" class="imgdcha" />esfuerzos, ¿quién soy? Un oficinista rendido por siete horas diarias de darle vueltas a la noria, ahogado en todos sus proyectos literarios. No puedo escribir nada, fuera de este diario, porque cada día durante siete horas cometo el asesinato de mi propio tiempo”.<br /> Otro exiliado ilustre, que vivió en Buenos Aires 27 años (a la distancia de una calle del Congreso de la Nación), fue el genial Ramón Gómez de la Serna, quien nunca quitó de la esfera de su reloj la hora de Madrid. El inventor de las <em>Greguerías</em>, veterano conferenciante, sabía tomarse la vida con humor, por eso escribió: “Sabido es que la Argentina es la primera consumidora de conferenciantes del mundo”.<br /> Y vuelvo a Bioy Casares para decir que lo abordé una tarde en el bar La Biela. Él acababa de publicar <em>Diario de la guerra del cerdo</em>, y aunque conocía su fama de tímido me acerqué a saludarlo. Me invitó a su casa, a la que entré una tarde de lluvia. Me mostró el único ejemplar que poseía de su primer libro: <em>Prólogo</em>. También me presentó a su mujer y a su única hija, Marta. Ellas dos, al igual que Bioy, yacen ahora en el cementerio de la Recoleta, y justo enfrente está La Biela. Frecuento ese bar de la avenida Quintana cada vez que visito Buenos Aires. El establecimiento, que se inauguró en 1850, era visitado en la década de los cincuenta por fanáticos del automovilismo. En la actualidad es el lugar de cita de intelectuales, artistas y políticos. Los parroquianos opinan que es el motor de la vida social del barrio, pero en los últimos años han brotado en la vecindad decenas de otros bares y restaurantes. Todos en torno al parque, cuyo mítico gomero con una copa de enorme diámetro causa asombro. Los fines de semana hay feria artesanal, músicos y payasos espontáneos. El bullicio de la zona es permanente. Los muertos del cementerio de enfrente gozan de alegre y festiva compañía.<br /> Desde La Recoleta es posible adentrarse en el barrio Norte por la calle Guido. La mayoría de los vecinos son medianamente adinerados, algunos más que otros. Esta arteria se junta con la calle Talcahuano, en la que había instalado su librería don Santiago Fischbein, el personaje del relato <em>El indigno</em>, en el que le refiere a Borges un hecho vergonzoso de su juventud, en el barrio de Villa Crespo, junto al arroyo Maldonado. Borges no especifica a qué altura de Talcahuano se encontraría la librería de Fischbein, pero me gusta imaginar que sería cerca de Lavalle. Si caminamos en dirección al río y atravesamos la avenida 9 de Julio, de la que los porteños se enorgullecen porque tal vez sea la más ancha del mundo, nos encontraremos en el sector que hasta los años ochenta fue conocido como “la <img src="myfiles/covablog/images[99].jpg" width="113" height="84" class="imgizqda" />calle de los cines”. Había una sala al lado de otra, hasta llegar a veinte. Ahora los sustituyeron casas de máquinas de juego, y la calle es frecuentada por el lumpen urbano.<br /> Pero volvamos por Lavalle y, al atravesar de nuevo la 9 de Julio contemplemos el famoso obelisco, a una manzana de distancia. Continuemos por esta calle otras once manzanas y llegaremos a la intersección con la calle Junín. En los alrededores perduraron, hasta finales de los años veinte, los lupanares de la organización prostibularia de judíos polacos conocida como Zwi Migdal. Los buenos judíos burgueses lidiaron con ellos hasta lograr que desaparecieran, aunque en realidad se trasladaron a Brasil. El premio Nóbel Isaac Bashevis Singer nombra a esta calle y a sus rufianes de entonces en la novela <em>Escoria</em>, pero fue el escritor y periodista francés Albert Londres, desaparecido en alta mar en 1932, quien mejor trató el tema. En <em>Los siete locos</em>, la imprescindible novela de Roberto Arlt, autor que tanto aprecia Enrique Vila-Matas, aparece el personaje de Haffner: el Rufián melancólico, uno de esos héroes imperecederos de la literatura. Haffner bien podría haber integrado la Zwi Migdal, aunque antes fue profesor de matemáticas. “Con mi cátedra iba viviendo, cuando en un prostíbulo de la calle Rincón encontré una noche a una francesita que me gustó”, dice.</p> <p><strong>No es oro todo lo que reluce</strong><br /> En la calle Rincón, en la esquina con la avenida<img src="myfiles/covablog/CAU74VCR.jpg" width="118" height="98" class="imgdcha" /> Rivadavia, estaba el renombrado café de Los Angelitos. “Café de los Angelitos, de Rivadavia y Rincón”, canta el tango. La avenida Rivadavia tiene fama de ser la más larga del mundo, así como la 9 de Julio la más ancha. Apunta al oeste, y se interna en la provincia de Buenos Aires. Los barrios que atraviesa en su huída de la ciudad, muchos de los cuales glosó Arlt en <em>Aguafuertes porteñas </em>y en su novela autobiográfica <em>El juguete rabioso</em>, son El Once, Almagro, Caballito, Flores y Floresta. En Flores habita César Aira, y muchas de las ficciones del autor de <em>Ema la cautiva </em>y <em>Cómo me hice monja </em>transcurren en dicho barrio. Si volvemos por esta avenida en dirección al centro nos toparemos con la Plaza de Mayo, circundada por el Cabildo, la Catedral, el ministerio de Economía y la Casa Rosada, que es la sede de la presidencia. Por esta plaza desfilan desde hace años las madres de los desaparecidos y asesinados por la dictadura de los generales. Las huellas de la tragedia y el crimen permanecen, y nos recuerdan que no todo es radiante en la ciudad que algunos llamaron “la París de América”, aunque yo prefiera suponer que París es la Buenos Aires de Europa. Si continuamos andando un poco más llegaremos a la orilla del inmenso río: “¿Y fue por este río de sueñera y barro/ que las proas vinieron a fundarme la patria?”, escribió Borges.<img src="myfiles/covablog/CAKJMH4B.jpg" width="123" height="84" class="imgdcha" /> El Río de la Plata, cuyas aguas vienen cayendo desde el trópico. El río que inspiró a Gardel y le hizo cantar “Buenos Aires la Reina del Plata/ Buenos Aires mi tierra querida...”</p> <p><strong>Publicado en la revista <em>QUÉ LEER</em>, número 58, septiembre 2001</strong></p> <p><strong>www.lacoctelera.com/covadlo</strong><br /> <strong>www.covadlo.com </strong> </p> COVABLOG, ARTÍCULOS DE COVADLO /imag/ed/otro65x65.png http://covablog.lacoctelera.net/post/2006/03/04/dicen-sucedio-condesa-y-revolucionaria-marie-d-agoult-la DICEN QUE SUCEDIÓ: CONDESA Y REVOLUCIONARIA (MARIE D' AGOULT, LA AMANTE DE LISZT) 2006-03-04T13:46:42+00:00 2007-11-06T06:53:46+00:00 <p><img src="myfiles/covablog/images[5].jpg" width="150" height="150" class="imgizqda" />Marie d' Agoult, condesa de Flavigny –también conocida como Daniel Stern–, autora de la novela <em>Nélida </em>(1846) y <em>Ensayo sobre la libertad</em>, acaso no haya sido escritora de gran talento, pero tuvo fuerte personalidad. Fue dama de compañía en la corte de Luis Felipe. En su salón parisino, se reunían Victor Hugo, Chopin y Frank Liszt, de quien se hizo amante. Tuvieron cuatro hijos; la menor, Cósima, fue esposa de Von Bülow y de Richard Wagner. Confraternizó con los revolucionarios y escribió <em>Cartas republicanas </em>e <em>Historia de la revolución de 1848</em>.<img src="myfiles/covablog/images[6].jpg" width="150" height="150" class="imgdcha" /><br /> Cuando su marido, coronel de caballería, la sorprendió en brazos de Liszt, ella gritó: “No pasa nada, <em>mon cherie</em>; esta yegua cambia de jinete”.</p> <p><strong>EL PERIÓDICO, (Barcelona)</strong><br /> <strong>21 de abril del 2000</strong></p> <p><strong>www.lacoctelera.com/covadlo</strong><br /> <strong>www.covadlo.com</strong> </p>